lunes, 18 de julio de 2022

 Querido príncipe azul,


Hace mucho tiempo ya que no te escribo.


¿Sabes? He estado liada. Y, sin querer, una década pasa muy rápido.


No ha estado mal, pero aquí estoy de nuevo. Y estoy aquí solo para decirte que es bastante probable que no vuelva a escribirte más.


He aprendido algo en estos últimos meses, y como resumen te diré que la conclusión a la que he llegado es que no te necesito, ni necesito que me busques a nadie.


He aprendido que las relaciones terminan. Que si elijo estar al lado de alguien, debo hacerlo sabiendo esto. Estoy en ello, mi meta es aceptarlo. Elegir estar al lado de alguien, en cada momento, hasta que nuestro “paseo de la mano” termine -si es que sucede algún día. He entendido que ese día deberé pensar en mí, no arrastrarme, deberé dejar ir, y tendré también que aceptar que hagan lo mismo.


¿Aceptará alguien?


sábado, 9 de julio de 2022

¿Sabes?

¿Sabes? La fecha oficial es el 12 de Septiembre, pero en realidad ya ha pasado un año desde que terminó todo. Terminó muchas veces, y ninguna hasta ese día, pero "fue terminando", y las dos lo sabíamos. Por eso usé "mi último as en la manga", por eso te dejaste llevar, desesperada. Yo no quería soltar. No sé si era orgullo, ego, cabezonería o esperanza (por que todo volviese "a ser como antes", por mucho que el "como antes" llevase tiempo sin "ser"). Y, ¿sabes? Soltar es liberador (duh!). Sienta bien. Cuando lo hice, ese 12 de Septiembre, me sentí libre. Más libre que nunca, y mira que nunca te consideré una carga. Pero no, no terminó entonces. Terminó el día en que empezó a ocurrir todo y no me lo comunicaste. A mí, que siempre me habías contado todo. Terminó el día que no pude más, y tuve que preguntarte lo que jamás pensé que tendría que preguntarte a ti, precisamente. "Si algún día sentimos algo por otra persona, nos lo diremos, lo tengo claro". No suelo hacer promesas, pero esa sí que nos la hicimos. Y la rompimos. Bueno, la rompiste. No me dolió el hecho de cargar con una promesa que no quería, rota por alguien a quien hasta entonces sí. Me dolió, y me rompió, de hecho, que traicionases mi confianza. Y ójala lo hubieras hecho una sola vez. Pero no, fue una tras otra. Una ese día en el que empezamos en lo alto de un rocódromo y terminamos en lo alto de un puente, hablando (a gritos, como no podía ser de otra manera) sobre la vida y la muerte. Otra el día que pasó todo. Que sí, yo lo empecé, pero sin saberlo y en el fondo sin querer, firmé un contrato del que no había leído las condiciones. No las había, y se suponía que sí. Se fueron decidiendo sobre la marcha (sin contar conmigo). Todo terminó el día en que me sentí sola estando contigo. Contigo, que llevabas tanto acompañándome. Sola, en soledad. No pude soportarlo, y cambié. Podía haber soltado entonces, pero me obligué a cambiar para no morir en el intento. Lo que no sabía era que se podía "morir de pena". Igual no siempre la reflejaba, pero me daba pena. Yo, quien había acabado siendo, quien decía ser, por quien me hacía pasar. La nueva mentalidad que sentí que necesitaba adoptar. Qué mal lo pasé, pero qué bien me vino.


Sé que no te enorgulleces. Que te arrepientes, de hecho, pero no puedo evitar recordarte como la que eras, a mis ojos, el año pasado. "Si algún día lo dejamos, ¿seguiremos siendo amigas?". Pues mira, creía que sí, pero no puedo volver atrás. Además: tengo derecho a romper una promesa.