¿Sabes? La fecha oficial es el 12 de
Septiembre, pero en realidad ya ha pasado un año desde que terminó
todo. Terminó muchas veces, y ninguna hasta ese día, pero "fue
terminando", y las dos lo sabíamos. Por eso usé "mi
último as en la manga", por eso te dejaste llevar, desesperada.
Yo no quería soltar. No sé si era orgullo, ego, cabezonería o
esperanza (por que todo volviese "a ser como antes", por
mucho que el "como antes" llevase tiempo sin "ser").
Y, ¿sabes? Soltar es liberador (duh!). Sienta bien. Cuando lo hice,
ese 12 de Septiembre, me sentí libre. Más libre que nunca, y mira
que nunca te consideré una carga. Pero no, no terminó entonces.
Terminó el día en que empezó a ocurrir todo y no me lo
comunicaste. A mí, que siempre me habías contado todo. Terminó el
día que no pude más, y tuve que preguntarte lo que jamás pensé
que tendría que preguntarte a ti, precisamente. "Si algún día
sentimos algo por otra persona, nos lo diremos, lo tengo claro".
No suelo hacer promesas, pero esa sí que nos la hicimos. Y la
rompimos. Bueno, la rompiste. No me dolió el hecho de cargar con una
promesa que no quería, rota por alguien a quien hasta entonces sí.
Me dolió, y me rompió, de hecho, que traicionases mi confianza. Y
ójala lo hubieras hecho una sola vez. Pero no, fue una tras otra.
Una ese día en el que empezamos en lo alto de un rocódromo y
terminamos en lo alto de un puente, hablando (a gritos, como no podía
ser de otra manera) sobre la vida y la muerte. Otra el día que pasó
todo. Que sí, yo lo empecé, pero sin saberlo y en el fondo sin
querer, firmé un contrato del que no había leído las condiciones.
No las había, y se suponía que sí. Se fueron decidiendo sobre la
marcha (sin contar conmigo). Todo terminó el día en que me sentí
sola estando contigo. Contigo, que llevabas tanto acompañándome.
Sola, en soledad. No pude soportarlo, y cambié. Podía haber soltado
entonces, pero me obligué a cambiar para no morir en el intento. Lo
que no sabía era que se podía "morir de pena". Igual no
siempre la reflejaba, pero me daba pena. Yo, quien había acabado
siendo, quien decía ser, por quien me hacía pasar. La nueva
mentalidad que sentí que necesitaba adoptar. Qué mal lo pasé, pero
qué bien me vino.
Sé que no te enorgulleces. Que te
arrepientes, de hecho, pero no puedo evitar recordarte como la que
eras, a mis ojos, el año pasado. "Si algún día lo dejamos,
¿seguiremos siendo amigas?". Pues mira, creía que sí, pero no
puedo volver atrás. Además: tengo derecho a romper una promesa.